La Escuela de Espectadores se ha consolidado como uno de los espacios de mediación artística de los XXXVII Temporales Internacionales de Teatro. Desarrollada por la Corporación Cultural de Puerto Montt junto a Fundación Territorio Teatral, la iniciativa reúne a jóvenes, personas adultas y mayores para dialogar sobre las obras del festival y profundizar en los lenguajes escénicos junto a especialistas e invitados.
En una de sus sesiones participó la dramaturga, investigadora, académica y gestora cultural, Soledad Lagos, quien reflexionó sobre la importancia de construir audiencias desde la conversación, valoró el trabajo realizado en Puerto Montt y abordó la investigación que desarrolló sobre Ana González antes del montaje de RadioTanda Homenaje.
¿Qué impresión le dejó la Escuela de Espectadores de Puerto Montt?
Puerto Montt tiene su Escuela de Espectadores y estoy muy impactada, en el mejor sentido de la palabra, de la forma en la cual la gente está respondiendo a esa propuesta. Lo primero que les dije cuando me invitaron fue que cada territorio tiene sus particularidades y que yo podía contar cómo lo habíamos hecho en Santiago, pero eso no era una franquicia ni un modelo exportable. Tenían que empezar por preguntarse cuáles eran las necesidades de la gente del territorio y escuchar primero.
¿Cuál cree que debe ser el enfoque de una Escuela de Espectadores?
Esto no es un modelo pedagógico jerárquico. Es un espacio de conversación, un espacio de diálogo con las personas que se acercan, porque cada ser humano sabe muchas cosas, independientemente de que no haya accedido a una educación formal. Uno no se planta diciendo “yo soy la experta y tú no sabes nada”. Al menos nosotros nos planteábamos como un eslabón más en la cadena de formulación de pensamiento crítico.
¿Cómo se fortalece esa relación entre el público y las artes escénicas?
Entregábamos pequeñas herramientas para que la gente empezara a encontrar más placentero acercarse al teatro. Les mostrábamos conceptos básicos de los lenguajes escénicos y después invitábamos a actores, actrices, directores o escenógrafos para conversar con ellos. Pero nunca desde la idea de decirles cómo debían interpretar una obra.
¿Qué aprendizajes dejó la experiencia desarrollada en Santiago?
Las conversaciones nunca estuvieron pauteadas. A partir de esos encuentros fuimos editando cinco libros que entregábamos gratuitamente. La gente podía asistir a una sesión o a todas, según sus intereses. Era una forma de acercar la creación al público y también de que quienes creaban entendieran que su trabajo no estaba alejado de las personas.
¿Qué observó en la experiencia que actualmente desarrolla Puerto Montt?
Veo que las personas que están a cargo han desarrollado una metodología propia y la van poniendo en práctica en cada sesión. Van invitando a quienes participan a preguntar y manifestar sus opiniones, y así se va completando ese tejido perceptivo. Me pareció muy atractiva la forma en que la gente se sentía involucrada con lo que estaba diciendo y analizando en conjunto.
¿Qué le pareció la sesión dedicada a la obra Radio Tanda?
Fue muy atractiva. La idea de un programa de radio transformado en obra de teatro despertó mucho interés y la gente hacía preguntas muy puntuales. En un momento se conectó Ximena Rivas y pudo conversar con los asistentes. Yo, por mi parte, entregué información previa a la construcción del espectáculo, relacionada con Ana González y el proceso de investigación que realicé revisando archivos y documentos.
¿Qué descubrió durante la investigación previa al montaje de Radio Tanda?
Antes del montaje de RadioTanda fui convocada para revisar unos materiales que habían llegado al GAM y que probablemente se habrían perdido. Revisando esas cajas encontré objetos, guiones, textos y cartas que me fueron mostrando una Ana González muy hábil para multiplicar sus finanzas. Ese hallazgo me llevó a reafirmar una idea planteada por Virginia Woolf en Un cuarto propio, sobre la importancia de la independencia económica para que las mujeres puedan desarrollar plenamente su vida y su trabajo. Después de esa investigación, se realizó una instalación performática en la biblioteca del GAM con esos materiales y, en paralelo, Chile Actores impulsó una beca para que una hija o un hijo de una asesora del hogar pudiera estudiar teatro. Para mí fue fascinante descubrir esa faceta de Ana González, una mujer que utilizó esa capacidad para hacer posible todo lo que quería hacer en el ámbito artístico.
¿Por qué considera importantes estos espacios?
Pienso que al final lo que les va quedando a las personas es sentirse sujetos, que es lo que considero que hay que hacer en todas partes; no objetos que reciben información, sino sujetos que formulan pensamiento y comparten ideas. Por otro lado, son ejercicios de memoria. Y si uno no comparte esos ejercicios de memoria, se pierde. Todo se pierde.